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Miembros de ATTAC.

En 2008, a la vuelta del verano, se hundió Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más poderosos del mundo y, cuando empiece este otoño, será el décimo aniversario de aquel desastre financiero, inicio de la peor crisis del mundo tras el crack de 1929. Pero lo más preocupante es que 10 años después estamos igual o quizás peor. Con presuntas reformas financieras llenas de agujeros y mercados financieros sin supervisar ni regular, todo sigue igual en el casino financiero global. Los lobbies erosionan la democracia y crece la deuda mundial. Una sistemática evasión de impuestos ya es endémica y estructural, mientras crece la desigualdad hasta el punto de que la OCDE, el FMI y Davos señalan esa desigualdad como serio peligro para una buena economía. Además, no hay transición ecológica que merezca tal nombre y las llamadas finanzas verdes han demostrado ser una falacia en el horizonte del innegable cambio climático.

¡Bienvenidos a la jungla de los mercados financieros!

Incumplidas las promesas de reformas, los grandes bancos son demasiado grandes y sus deudas sin reestructurar impiden estimular la economía. Porque esos grandes bancos solo están al servicio de sus progresivos beneficios en los inestables mercados con retorcidos productos financieros. Ni un solo Estado ha reformado la banca y nadie ha separado la banca comercial de la de inversión. Solo la pequeña Islandia hace unos años encarceló a los financieros delincuentes, nacionalizó su banca y obligó a los inversores extranjeros a pagar parte de las pérdidas por la crisis financiera.

 

¿SE PODRÍA AFRONTAR OTRA CRISIS?

En la Unión Europea, en 2010, la denominada reforma Basilea III para estabilizar las finanzas obligaba a los bancos a disponer de más capital real propio para afrontar los riesgos. En teoría, porque los grupos de presión bancarios lograron que las exigencias de Basilea III fueran mínimas. Se proponía un porcentaje mínimo de capital real del 12% del capital social, pero finalmente solo fue del 8%. Si estalla otra crisis, y no hay duda de que puede estallar, los bancos no tendrán medios suficientes para afrontarla y el Estado (con los impuestos de la ciudadanía) tendrá que rescatarlos de nuevo. Pero no está claro que pudiera hacerse.

Pero hay más. En 2011, la Comisión Europea propuso un impuesto a las transacciones financieras (ITF) europeo. Inspirado en el del nobel de Economía James Tobin, no se aplicaba a transacciones con divisas, pero sí a otros productos financieros, derivados incluidos. La Comisión proponía un tipo del 0,1% para acciones y obligaciones y del 0,01% para derivados, cuyos ingresos se estimaron en 30.000 millones de euros anuales. Sin embargo, ese poco ambicioso ITF fue combatido ferozmente por los lobbies financieros con apoyo de los Gobiernos de Luxemburgo, Holanda y Reino Unido. Solo 10 países (entre ellos Alemania, España, Francia e Italia) aceptaron negociar un ITF en cooperación reforzada. En junio de 2017, el acuerdo estaba casi listo, pero fue elegido presidente de Francia Emanuel Macron (banquero y amigo de financieros), que bloqueó de hecho el ITF al excluir su aplicación a los derivados… que son el 90% de las transacciones financieras.

La Comisión Europea quiso reorganizar las finanzas para fomentar la financiación por medio de la Unión de Mercados de Capitales, pero no hizo reformas financieras. Creció la banca en la sombra y se enquistó el principio de bancos demasiado grandes para dejarlos caer que les daba un poder gigantesco. Al casino financiero le dieron una capa de pintura, pero no lo eliminaron.

El resultado es que grandes bancos e inversores retienen la economía real y la sociedad como rehenes, mientras la especulación en mercados financieros suma el equivalente a tres veces el PIB mundial, aunque menos del 3% de esas transacciones sirven a la economía real, comercio o inversión productiva.

Hoy, el objetivo prioritario del sector financiero es la máxima y libérrima movilidad internacional del capital para invertirlo en las operaciones especulativas más rentables del planeta. Esa capacidad del capital da un poder enorme a los mercados financieros y grandes inversores. Como resultado, mercados, bancos, empresas de seguros, fondos especulativos y multinacionales están cada vez más lejos de cualquier control político, lo que les da aún más poder. Como se jactaba Rolf Breuer, antiguo director del Deutsche Bank, “los inversores ya no necesitan dar satisfacción a los gobiernos, son los gobiernos los que han de satisfacer a los inversores”. Hoy, la globalización neoliberal y los mercados financieros son esencialmente antidemocráticos y ya son los peores enemigos de la economía real productiva de las empresas y de la ciudadanía. Urge reaccionar.

En el futuro podemos imaginar dos escenarios. Uno continuista, negro, que nos lleve a una crisis aún más mortífera y de consecuencias catastróficas. O un escenario largamente buscado por ATTAC, una utopía realista de profundas reformas para frenar las finanzas y responder a las urgentes crisis ecológica, calentamiento global y angustia social en todo el mundo.

¿Y AHORA QUÉ? FINANZAS AL SERVICIO DEL INTERÉS GENERAL

Veamos:

La reforma de las finanzas, sistema nervioso de la economía, impregna toda la sociedad, inseparable de un enfoque radicalmente diferente: las finanzas que queremos deben servir a las necesidades humanas. Para ello, ampliamos nuestro enfoque más allá de las finanzas. La regulación financiera es un remedio necesario, pero insuficiente: hay que abordar las raíces del mal. Por tanto, deben emprenderse cambios reales para otro paradigma, donde la financiación no sea fin en sí mismo, sino medio al servicio de la justicia social, estabilidad económica y desarrollo sostenible. Promover la transición ecológica y social es hoy el principal objetivo e implica transformar los modos de producción, empleo, consumo y una nueva distribución de la riqueza.

Y, frente al pesimismo reinante, la ciudadanía ya no puede siquiera imaginar que hay alternativas. Pero tener una visión de futuro, incluso utópica, es motor poderoso para cambiar el mundo. Nuestra utopía es realista porque, sin transformación radical en las relaciones humanas, y humanas con el planeta, es inevitable la catástrofe para generaciones futuras.

En definitiva, buscamos que el sector financiero esté al servicio de las personas y de una sociedad sostenible, y no abandonado al mercado. Con este libro exploramos objetivos a distintos niveles y proponemos instrumentos necesarios para lograrlos. Por tanto, algunas de las medidas que el libro contempla son:

– El cierre definitivo del casino financiero. Partiendo del necesario abandono por los mercados financieros de la estrategia a corto plazo para que la ciudadanía ya no tenga que pagar nuevas crisis (rescates bancarios) ni sufrir sus consecuencias (austeridad, especulación inmobiliaria, aumento de precios, bajos salarios…) habrá que regular e incluso prohibir los instrumentos de la especulación financiera internacional como productos tóxicos; reformar completamente los métodos de gestión de inversores y especuladores; reducir el peso de los inversores institucionales y, en su caso, reintroducir y reforzar controles sobre los flujos de capital en períodos especulativos y de crisis.

– Propiciar una salida a la trampa de la deuda en la que están atrapados muchos ciudadanos, empresas y países mediante restructuraciones y límites para el reembolso de los hogares.

– Una estricta supervisión de los bancos que permitan desmontar su exorbitante poder, de modo que sean gestionados por el interés general y no de accionistas y gestores. Asimismo, para casos en los que los bancos minoristas fallen y requieran salvaguardia, establecer un fondo especial de crisis en todos los países, alimentado por una fiscalidad excepcional a las empresas financieras.

– Poner fin a la impunidad de evasores fiscales con la generalización del intercambio automático de datos bancarios y fiscales, más la supresión definitiva del secreto bancario para que los Estados puedan conocer e incautar los fondos ocultos en paraísos fiscales.

– Buscar la recuperación de la soberanía de los Estados frente al poder del mercado con un sistema de impuestos sobre la renta altamente progresivo y restablecer un circuito de financiación pública revocando la prohibición de que los Estados pidan préstamos a sus bancos centrales.

– Reconstruir la Unión Europea con un Banco Central Europeo (BCE) al servicio del interés general (y ya no de los mercados), lo que exige con carácter prioritario someter a control democrático el BCE, responsable de la política monetaria y de la supervisión bancaria así como buscar una integración flexible y diferenciada en la Unión Europea.

– Establecer mecanismos para el fin de la colusión de poderes políticos y financieros. En esa línea, las acciones de los grupos de presión financieros deben estar estrictamente controladas, prohibiéndose las reuniones entre sus emisarios y Administraciones internacionales, europeas o nacionales. Además, es necesario abordar la colusión y el constante ir y venir entre las finanzas y los poderes políticos y administrativos, nacionales o europeos (puertas giratorias). Las agencias de calificación estarán sujetas a un procedimiento de acreditación y obligada transparencia, así como a la publicación de sus cálculos económicos y no sólo deben tener en cuenta riesgos financieros sino también sociales y medioambientales. Estarán supervisadas por reguladores prudenciales con financiación pública.

– Además, establecer reglas y normas contables es responsabilidad de los gobiernos y no de organismos privados, lo que permite poner en tela de juicio normas NIIF, como “valor de mercado”, que socavan la estabilidad financiera.

– En un mundo globalizado son precisas fórmulas que fortalezcan la cooperación internacional que permita romper los pilares del neoliberalismo, en particular la movilidad global del capital, que ha producido profundos cambios sistémicos. También es necesario reforzar la cooperación internacional entre las autoridades supervisoras y reguladoras, sobre todo en la Unión Europea.

– Articular un nuevo tratado que sustituya el acuerdo de Bretton Woods. La reforma financiera es inseparable de la reforma monetaria internacional. Para lograr un nuevo orden monetario internacional estable y equitativo, es necesario ajustar las balanzas de pagos y crear liquidez monetaria según las necesidades de la economía y del comercio mundial. Esos dos objetivos se establecen con un nuevo tratado internacional que sustituya los acuerdos de Bretton Woods.

Así que soñemos un poco… Lo anterior supondrá que las advertencias y demandas del movimiento social y ciudadano han sido finalmente escuchadas por las autoridades nacionales y europeas, lo que finalmente ha significado la aplicación de reformas radicales para regular el sistema financiero. Sus decisiones se inspiran en el interés público, la voz de la ciudadanía. Además, los problemas del medio ambiente y acabar con las desigualdades se convierten prioridad. 

*Este artículo es un extracto del libro 10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas, editado conjuntamente por varias organizaciones de ATTAC en Europa. ATTAC contribuye así a la acción política de la ciudadanía para resolver sus necesidades personales y colectivas y asegurar la sostenibilidad del espacio común donde vivimos.