Myriam Vander Stichele. Senior Researcher. SOMO (Centre for Research on Multinational Corporations)

www.somo.nl

Traducción de Virginia Álvarez, del grupo de traducciones de Attac.

El casino de Baden-Baden (Alemania) fue el lugar escogido por los ministros de finanzas de los países del G20 y los gobernadores de los bancos centrales para reunirse el 17 y 18 de marzo. Baden-Baden es conocida por ser una lujosa ciudad-balneario con tiendas caras y Konditoreien (confiterías), en la que millonarios rusos y de otros lugares deciden gastar su dinero (obtenido mediante el blanqueo de capitales o la evasión de impuestos). Sin embargo, los ministros y gobernadores del G20 no se desplazaron hasta allí para limpiar el lugar, aunque lo podrían haber hecho sin dificultades teniendo en cuenta la enorme cantidad de dispositivos policiales y de seguridad privada presentes.

Los ministros de finanzas y gobernadores del G20 se han reunido con asiduidad desde la crisis financiera de 2008 para tomar decisiones en materia de reformas del sistema financiero para evitar otra crisis. El gobierno de Alemania y el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB por sus siglas en inglés) tuvieron que presionar a los ministros para asegurarse de que por lo menos implantaran las reformas acordadas. Más de ocho años después del estallido de la crisis financiera, algunas de estas reformas todavía no están completamente en vigor y otras se han ablandado.

 

En Baden-Baden los ministros y gobernadores debatieron poco sobre el riesgo financiero que aún existe, aunque prometieron tratar la cuestión de la “banca en la sombra” o shadow banking, los mercados de derivados y las tasas de cambio demasiado volátiles o manipuladas. Del comunicado final al menos se desprende cierto compromiso para implantar medidas que aborden la evasión de impuestos y la elusión fiscal en la línea de lo propuesto por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su proyecto sobre la Erosión de la Base Imponible y el Traslado de Beneficios (BEPS por sus siglas en inglés).

 

Por primera vez, la cuestión del libre comercio ha sido uno de los principales conflictos entre los Estados Unidos y el resto de países del G20, ya que EEUU no quería comprometerse a un sistema de comercio regulado, sino a un sistema de comercio justo tal y como lo entiende el presidente Trump. Por extraño que parezca, no hubo debate sobre los servicios financieros en los acuerdos de libre comercio, que también conforman el sistema financiero mundial y sus riesgos. Estados Unidos también se las arregló para que no se incluyeran fondos dirigidos a hacer frente al cambio climático.

 

¿Estamos ante un ejemplo de captura corporativa?

 

El lobby financiero había hecho todo lo posible para que los ministros de finanzas escucharan sus posiciones. El Instituto Internacional de Finanzas (IIF), un club internacional de lobbies financieros bien organizado y con experiencia, celebró una conferencia dos días antes de la reunión de los ministros. La conferencia fue patrocinada por ING y Deutsche Bank, que se aseguraron de colocar a sus respectivas juntas y directores generales en los paneles. Sin embargo, es la primera vez que el gobierno/ministro alemán participa como coorganizador en este tipo de conferencias. Todo un ejemplo de captura corporativa.

 

Los ministros de finanzas de Brasil, Canadá y Sudáfrica acudieron a la conferencia del IIF para hablar y conceder entrevistas. Incluso el ministro alemán Schäuble se desplazó hasta Frankfurt para participar en el evento, al mismo tiempo que recibía presiones para reunirse con la delegación de EEUU en Berlín. Por el contrario, el ministro ya había declinado participar en la cumbre de la sociedad civil que se celebrará el 18 y 19 de junio de 2017. El presidente alemán del Banco Central y Christine Lagarde, que lidera el Fondo Monetario Internacional (FMI), también se subieron al escenario de la conferencia del IIF para debatir. Por lo tanto, no es de extrañar que los ministros y gobernadores declararan que querían que el FSB actuara como analista y asesor en relación con las reformas financieras y sus consecuencias imprevistas, algo para lo que el lobby financiero había estado presionando con mucha fuerza.

 

El G20 ignoró muchas (si no todas) de las recomendaciones manifestadas por la sociedad civil, que demandaba más reformas, tales como una mejor supervisión general, un sector bancario diversificado, y la cancelación o anulación del sobreendeudamiento, medidas todas ellas necesarias para frenar la evasión y la elusión de impuestos, entre otras cuestiones. Se organizaron acciones de protesta en Baden-Baden contra la falta de medidas para frenar la evasión fiscal, el endeudamiento de países en vías de desarrollo y la ausencia de democracia que significa el G20 (un limitado grupo de países que no rinde cuentas a nadie). Incluso la iglesia protestó con un ensordecedor repicar de campanas durante 15 minutos junto al casino, justo antes de que 700 personas acudieran a una misa centrada en la cancelación de deuda.

 

El día siguiente al evento del G20, el casino de Baden-Baden abrió sus puertas como de costumbre. El lunes siguiente, los mercados financieros continuaron con su comercio de especulación y riesgo, como si de un casino se tratara, si tener en cuenta su impacto en las personas y en el planeta.