Más de 100 organizaciones, entre las que se encuentra ATTAC España, instan a la ciudadanía a sumarse a las movilizaciones internacionales por el clima. Los primeros movimientos serán en la semana del 20 de septiembre que culminará con una Huelga por el Clima y diversas manifestaciones el día 27 de septiembre.

Es el año 2019. Han pasado décadas desde que oímos hablar por primera vez sobre la crisis climática. La falta de acción es increíble. Vivimos con terror. Lo que parecía un problema lejano ha evolucionado hacia una emergencia tras décadas de ignorancia intencionada.

 

Pero algo ocurrió el último año: algo flotaba en el aire, por primera vez. Una brisa de poder y esperanza alcanzaba nuestro estado de ánimo y nuestra imaginación. No se podía tocar pero algo era diferente. A lo largo del otoño de 2018, nos unimos en marchas y reuniones, miramos a nuestro alrededor y vimos nuevos rostros, más que nunca. El cambio estaba llegando. Tras un verano tórrido, el cambio climático había pasado a encabezar las noticias. El clamor de la ciencia se hizo incluso más apremiante cada año y por fin se empezó a escuchar. Incluso algunas personas de la administración empezaron a decir la verdad. Hemos visto nacer nuevos movimientos; gente que nunca antes había dado indicios de que fuera a llevar a sus hijos y padres a las marchas climáticas. Las personas jóvenes y mayores se miraban las unas a las otras, y había un destello de reconocimiento, un pensamiento: estamos todas las personas juntas en esto. Podemos complementarnos. Somos aquellas personas a las que estábamos esperando. Ahora hagamos planes para ganar esta batalla. Durante varios meses, grupos y personas hemos estado hablando entre nosotrxs. Tendiendo puentes sobre antiguas brechas. Dándole vueltas a la cabeza sobre cuestiones de estrategia y coordinación. Hemos entendido que nuestra diversidad es la clave para provocar un cambio real, no simplemente un nuevo ajuste cosmético dentro del antiguo sistema de explotación. Hemos tenido múltiples llamadas; nos hemos reunido; nos hemos sentado juntxs; hemos llegado a acuerdos, discrepado y planificado.

 

Al principio, pensamos que tendríamos que presionar para que hubiera un punto de inflexión en 2020, ya que pensamos que en ningún caso estaríamos listxs en 2019. Pero durante los primeros meses de este mismo año, nos dimos cuenta de que si nos dábamos otros 12 meses de plazo sería demasiado tarde. Ya no contamos con el lujo de tener tiempo. Y entonces una pregunta se empezó a forjar en el fondo de nuestras mentes: ¿necesitábamos todo ese tiempo? ¿O estamos de hecho, finalmente, … preparadxs? Preparadxs con experiencia, con números, con determinación y resolución. ¿Estaríamos más preparadxs, más fuertes, dentro de un año? No, no lo estaríamos. Sólo estaríamos asumiendo un riesgo mayor: dejar pasar lo que considerábamos un punto de inflexión en números, conciencia y acción.

 

Décadas de trabajo nos habían llevado a ese punto. Parecía el momento de convertir esta experiencia y fortaleza conseguidas con gran esfuerzo en una estrategia ganadora.

 

Ahí es donde la idea de las oleadas de acción tomó forma. Porque, hasta entonces, se había comprobada que un solo día o semana de resistencia no eran suficientes. Habíamos probado a hacer manifestaciones, peticiones, acciones masivas… pero el sistema siempre había tenido la capacidad de ignorar nuestro clamor por la justicia y la vida y seguir adelante “como si nada”. Las macrogranjas industriales, los cruceros de lujo, los Black Fridays… todo seguía intacto. Así que teníamos que concebir un plan para escalar la presión, para asegurar, en la medida de nuestras capacidades e inteligencia, que el sistema se detendría completamente. Y tenemos el poder de hacerlo porque lxs que hacemos que el sistema funcione somos nosotrxs – y no lxs que toman las decisiones políticas y económicas.

 

 

La primera oleada.

 

La oleada número uno se ha pensado en torno a los llamamientos existentes para la acción que son el resultado de meses de acciones y movilización ya existentes; entre otras, del 20 al 27 de septiembre, millones de personas jóvenes a lo largo del mundo van a alzar sus voces por la justicia climática, tal y como han estado haciendo una y otra vez durante el último año. Durante esa semana, los grupos por la justicia climática y social pueden apoyar su llamamiento, amplificarlo y mostrar solidaridad en palabras y actos, en acciones y en comunicación. Este podría ser la mayor huelga coordinada en la historia mundial. Pero como todxs sabemos: incluso esto probablemente no será suficiente si tiene lugar de forma aislada, no coordinada con el resto de personas dispuestas a luchar. Tendrá que ocurrir una epifanía global, una epifanía para la cual muchísimas personas han estado luchando durante mucho tiempo sin conseguir ningún cambio sustancial. Y solo juntxs y con respeto mutuo podremos llegar ahí. “Con respeto mutuo” no significa “sin desacuerdo”. Pero en vez de dividirnos en grupos más pequeños, haciéndole el juego al sistema, podemos alzarnos juntxs, cuestionando y refinando las posturas del resto en un enfoque verdaderamente democrático. Afrontar solidariamente lo que hemos estado afrontando de manera aislada: las injusticias globales y la catástrofe climática global que amenaza con erradicar la vida de este planeta.

 

Utilizando el impulso construido durante una semana de paros y acciones (20-27 de septiembre), con toda la presión y legitimación que nos brotará de allí, nuestras protestas podrían evolucionar hacia una disrupción masiva durante las siguientes semanas. Sería el momento de llevar nuestras acciones al siguiente nivel, en nuestra diversidad de tácticas, historias y sensibilidades.

 

Tenemos que considerar algunos hitos y planificar para unir nuestras dinámicas: habrá otra cumbre de Naciones Unidas el 23 de septiembre. El 8 de octubre se cumplirá el primer aniversario del informe sobre los 1.5 ºC de IPCC. El 17 y 18 de octubre los gobiernos de la Unión Europea se reunirán en Bruselas para decidir sobre las emisiones de la UE hasta 2030. Tantos de esos movimientos simbólicos y de toma de decisiones nos han fallado en el pasado, que sabemos que a no ser que se aplique la presión adecuada y de forma coordinada, nada de esto conseguirá acercarnos a donde es necesario para evitar la catástrofe climática y alcanzar la justicia climática y social reales.

 

Así que podríamos venir para quedarnos durante varias semanas. Ningún grupo será capaz de mantener una perturbación efectiva por sí solo durante un período de tiempo tan largo. Pero sabemos que podemos ayudarnos unos grupos a otros, identificando y alterando los objetivos estratégicos para asegurar que sea imposible que continúe el “como si nada”.

 

Como activistas asentad@s en Europa, tenía sentido para nosotrxs poner el foco en la cumbre de la UE. Los países de la UE tienen mucho poder. A lo largo de la historia han sido (y aún son) responsables de una gran parte de las emisiones mundiales por no hablar de las injusticias globales: así que pensamos: ¿qué pasa si después del 27 ocupamos o incluso cerramos los puntos críticos del sistema? ¿Planear quedarse más tiempo que nunca antes? ¿Y llegaremos entonces juntxs a un final común – a lo largo de las fronteras y geografías, movimientos y personas? ¿Reclamando poder para bien, tomando nuestras propias decisiones y planificando nuestro regreso? Porque sabemos que no podemos irnos esta vez; la idea es llegar, luchar, descansar, planificar, y regresar y empezar todo de nuevo – hasta que aseguremos la justicia climática.

 

Hemos acordado que queremos empezar y terminar juntxs esta primera oleada– ya sea en nuestras narrativas o durante un período de tiempo conjunto. ¡Este final será un momento de celebración! No importa lo grande que sea entonces: habremos llegado juntos y habremos dado el primer paso en un levantamiento coordinado, estratégico. Nos habremos empoderado a nosotrxs mismxs – dándonos cuenta de que no es solo que el cambio es necesario, sino que puede ocurrir. A través de nosotrxs, de nadie más. No nos habremos limitado a decir “¡basta!”. Lo habremos promulgado.

 

Esto no significa que paremos en Bruselas: podríamos pensar que quizás la ola habrá tomado suficiente velocidad entonces como para ser imparable. Sobre la semana después de Bruselas, reclamaremos un poder democrático reuniéndonos en asambleas y definiendo los pasos a seguir para asegurar la justicia climática. Y si no estuviéramos ahí aún, eso no importará de ninguna manera: en esas asambleas planificaremos la segunda ola de perturbación, a la que nos lanzaremos en enero de 2020 – con determinación y estrategia de nuevo. Pero también con alegría, amor y una rabia imparables.

 

 

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